El sueño de mi padre

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(Escribe Julia Ferradás Campos)

Eran tiempos de sueños y soñadores. El siglo más veloz de la historia mezclaba lo fantástico con lo cotidiano en cada esquina. Vio cubrirse las calles de autos, los cielos de aviones, las casas de radios primero y de televisores después; se desangró por dos guerras inconmensurables y se congeló en otra que se quebró junto al muro de manera inexplicable.

Ya en la primera mitad de estos últimos cien años, los personajes de Buenos Aires habían recorrido el mundo: Gardel, Discépolo, Manzi, Cadícamo, y muchos más con el tango… Y también científicos, literatos, políticos… hasta hoy.

Tan apretada es la lista que casi todos se conocieron personalmente. El fenómeno de la radio marcó una época irrepetible y después la televisión trasmutó definitivamente la vida.

En ese hervidero de la historia un soñador por excelencia atizó el fuego desde dentro: Manuel Enrique Ferradás Campos.

En los años 30, la miseria azotaba fuerte y Manuel debió abandonar sus estudios de abogacía para sostener a su familia: se metió de “escriba”. Ferrita, como le decía cariñosamente sus amigos, comenzó a circular por las redacciones de todos los diarios. Les hace notas a los grandes de la época y compone letras de tango. Así se hace socio de la por entonces recién nacida sociedad de autores y compositores, SADAIC. Sus letras llenan páginas de “El alma que canta”, la revista de Buchieri con la que canta el pueblo. “Nieve”, “Sera su noche”, “El adiós”…

También escribe radioteatro. En 1937 su fama se consolida en radio Splendid con la compañía “Remembranzas” encabezada por Julia Giusti, con quien se casa en 1941. Una de las obras más trascendentes la constituye el tema central de la canción “Nieve”, que acaba de convertir en un éxito increíble su amigo Agustín Magaldi. La obra es montada para salir de gira por el interior con un fabuloso costo económico, pues la acción transcurre en la Rusia de los zares. Introduce mejoras importantes en sus puestas en escena; la compañía es la primera que utiliza la luz negra en el país. Los temas de sus novelas siempre buscan mostrar realidades sociales: “Mi tata era italiano”; “La virgen del desierto”; “Oro blanco”… A propósito de “Oro blanco”, que abordaba el drama de los mensúes en los algodonales chaqueños, cabe acotar que por primera vez tiene allí un papel de importancia una muchacha que le fuera presentada por Magaldi: se trababa de Evita Duarte.

Pero sus sueños tienen un matiz social que excede en mucho sus otras inquietudes. Ya en 1938 dona los derechos de autor de la obra “Florcita de yuyo” que protagoniza Julia Giusti en radio Belgrano, para que se inicien las obras del panteón de SADAIC, primer objetivo de servicio social que encara el directorio de la entidad.

Ferradás también es socio fundador de Argentores, entidad en la que a lo largo de los años ocupa varios cargos directivos; interviene en la formación de la primera Asociación de Actores y su refundación con la actual, y también de la Asociación de Periodistas.

Trabaja en Crítica, Noticias Gráficas, Clarín y muchos diarios más. Es también director de las revistas de espectáculos más conocidas, como Antena, Radiolandia, Sintonía y Radiofilm, y al llegar la televisión a nuestro país, regenteada por don Jaime Yankelevich, Manuel se transforma en el primer Jefe de Prensa de Canal 7.

El fenómeno de la TV es tan avasallador como lo fuera el de la radio, y Ferradás comienza a madurar otro sueño: unir ambos medios a través de una sociedad que nuclee a los periodistas especializados. Así, al finalizar la década del `50, siguiendo su permanente vocación de dirigente societario, reúne a un grupo de pioneros para fundar APTRA, la Asociación de Periodistas de la Televisión y Radiofonía Argentinas, que comienza funcionando en una habitación prestada.

La Asociación se consolida con la creación de un premio que servirá para reunir no sólo a los periodistas, sino a toda la familia del espectáculo. Ferradás propone que se trate de una figura que encarne a la Argentina, al máximo personaje de nuestra literatura gauchesca: el Martín Fierro, el hombre al “que lo desvela una pena extraordinaria” y transmite sus verdades con la guitarra en la mano. Verdadero símbolo de la misión del artista. Así instituye el premio que llegará a ser el más grande del país y también de América Latina.

El prócer, como le dicen en broma sus amigos, un poco como reconocimiento a su espíritu de lucha, preside y empuja el crecimiento de la entidad durante 15 años. Ve crecer ese sueño casi sin darse cuenta. La familia se iba agrandando con los programas de las radios y televisoras del interior del país. Se incluyeron rubros publicitarios y, sobre todo, el reconocimiento a las grandes figuras que marcaron hitos con su trayectoria.

Después hubo un tiempo de silencio en el que creyó que el sueño había desaparecido, pero otros tomaron la posta, aunque él no alcanzó a verlo. “Ferrita” se alejó de este mundo el 20 de abril de 1986. Fue en un sanatorio de la calle Lavalle, a pocos metros de su querida “calle” Corrientes, de la Sociedad de Autores e incluso de la primera sede de APTRA.

Se fue tan pobre como había llegado 50 años atrás (no tenía casa; ni siquiera auto) pero los sueños que impulsó se hicieron realidad. Cada año se espera con más ansiedad la lista de los ternados, y la noche de los Martín Fierro es la velada en la que todos quieren estar presentes.

Sólo yo sé cuánto le gustaría ver a esta querida familia de los medios reunida para celebrar el estímulo del reconocimiento, y con cuánta pasión seguiría trabajando por verla como la soñó, llena de proyectos y unida para hacerlos realidad. Proyectos y trabajos de los Martín Fierro de esta generación que expresan las verdades, los sentires y los valores de nuestra gente.