Los próceres de la TV argentina

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(A 65 años de un hecho histórico)

Con un teléfono celular y desde la aplicación videocámara, hoy en día cualquier persona graba una situación, la sube a la web y desde allí en forma inmediata todo el mundo tiene posibilidad de ver la escena. Pero en 1951 solamente un país del continente tenía televisión y era Estados Unidos. Hasta que el 17 de octubre de ese mismo año con la imagen de Evita en el balcón de la Casa Rosada, la Argentina se sumó al por entonces reducido mundo de la tecnología dando paso a una fascinante historia que en pocos días cumplirá 65 años.

Anecdóticamente, según testimonios del prestigioso actor Rafael “Pato” Carret, nuestra TV habría empezado a dar señales de vida en 1944 con trabajos experimentales que promovía el empresario Martín Tow desde la confitería de la tienda Harrod`s, en la calle Florida. De todas maneras, la primera transmisión oficial se cristalizó el “Día de la Lealtad” cuando el peronismo celebró con una gigantesca movilización el sexto aniversario de su nacimiento.

La gente fue reuniéndose desde media mañana, pero el acto comenzó aproximadamente a las 5 de la tarde de un miércoles destemplado y lluvioso. Luego del discurso de José Espejo en su condición de Secretario General de la CGT, tomó la palabra el Presidente de la Nación Juan Domingo Perón. En tanto, Evita, ya desgarrada por la enfermedad que le quitaría la vida ocho meses después, permaneció sentada y ni siquiera se puso de pié cuando representantes del gobierno y de la central obrera la condecoraron con el laurel y la medalla justicialistas.

Recién sobre el final Eva Duarte saludó a su pueblo. No podía más de dolor, por lo que para dar cierre a la fiesta popular el presidente se acercó al micrófono y preguntó: “¿Están satisfechos con el gobierno?”. La respuesta fue inmediata y mientras la multitud respondía con algarabía, el general agregó: “¡Mañana, en vez de San Perón, será Santa Evita!”, haciendo alusión al habitual feriado que otorgaba al día siguiente de cada convocatoria Justicialista.

Muy próximos a ese famoso balcón, los pioneros de la televisión seguían el acontecimiento con impaciencia entendiendo que estaban dando un paso trascendental en la historia de este poderoso medio de comunicación.

Existe un sólo testimonio periodístico de aquel 17 de Octubre y le pertenece al desaparecido diario El Mundo. Lo destacó apenas con un recuadrito titulado “Fue televisado el acto de ayer”. Debajo, la escueta información decía así: “Los distintos comercios de la zona céntrica, que desde hace unos días ofrecen espectáculos, brindaron ayer en la primera intervención de la misma en actos públicos una magnífica oportunidad (SIC) para aquellos que no pudieron llegar a la plaza de Mayo. Vidrieras de Florida, avenida Sáenz Peña, Balcarce y otros lugares próximos, agruparon racimos humanos que, manifiestamente sorprendidos por la perfección del invento recién incorporado a nuestra metrópoli, pudieron seguir todos los principales detalles del magno acto.  La congestión del público frente a tales vidrieras molestó por cierto el tránsito, pero pudo observarse que muchas de las personas que al principio protestaron por el lío, al darse cuenta de lo que veían y cómo se veía, terminaron sumándose al nutrido grupo, acalladas definitivamente sus prematuras quejas”.

La columna vertebral de la TV

Esa minúscula reseña periodística fue el resultado de un esfuerzo tremendo de Jaime Yankelevich.

La historia narra hechos que se parecen más a una novela de aventureros que de empresarios y comienza cuando al regresar de uno de los tantos viajes que hacía a Estados Unidos, Don Jaime, que por entonces era titular de radio Belgrano, le dijo a Alejandro Spartaro, uno de sus técnicos de mayor confianza que trabajaba en su emisora: “Mirá, yo pondría 20 millones de pesos y traería la televisión, porque no sabés la maravilla que es eso”. En aquella época muchos desconfiaban de esa caja cuadrada, pero Yankelevich armó un selecto equipo con su hijo Samuel, Raúl Rosales (h), Ignacio Demaría, Roberto Socol y los ingenieros César Guerrico y Max Köelble. Ellos fueron la columna vertebral de nuestra TV.

En 1950, en el aula magna de la Facultad de Medicina se llevó a cabo la primera emisión experimental. Fue en base a un envío cultural que tuvo como protagonistas a Myriam de Urquijo y Roberto Airaldi. ¡Todos se quedaron pidiendo más! Y el año siguiente, en 1951, se pusieron a un paso de conseguirlo: con el apoyo del gobierno se instaló la antena en el edificio del Ministerio de Obras Públicas, ubicado en intersección de las avenidas 9 de Julio y Belgrano. Subir la gran estructura metálica y “plantarla” en la terraza del edificio demoró diecinueve días. Y en julio, procedente de USA, en el vapor Río Jächal llegaron al puerto de Buenos Aires un transmisor de cinco kilovatios de potencia, once cámaras, dos camiones de exteriores, miles de metros de cables, válvulas, repuestos y luces. Sin embargo, a pesar del inmenso esfuerzo económico e imaginativo, los porteños no le prestaban mayor trascendencia a semejante aventura que finalmente había costado nada menos que 26 millones de pesos.

Por razones de practicidad, el primer estudio fue instalado en el mismo Ministerio de Obras Públicas donde se erigía la antena. Allí se realizó la preparación de todos los técnicos, pero una vez capacitados, la planta transmisora se trasladó al barrio de la Recoleta. Se ubicó exactamente en Ayacucho y Posadas bajo el nombre de LR 3 Radio Belgrano TV y que posteriormente se llamó Canal 7. En esa esquina había funcionado el teatro Imperio y actualmente está el Paláis de Glace.

En septiembre de 1951 no alcanzaban las horas del día para concluir con los últimos ajustes que permitirían salir al aire, y el 4 de aquel mes pudo observarse en un monitor el rostro del ingeniero Evers. El 10 de octubre ya apareció la conocida “señal de ajuste” que podían ver desde sus casas los poseedores de los televisores importados desde Estados Unidos por el empresario Jorge Antonio, hasta que finalmente, el 17 de octubre de 1951 se convirtió en el Gran Día.

El director artístico con el que se estrenó el canal fue Enrique Telémaco Susini, que tenía formación teatral, la responsabilidad técnica recayó en el ingeniero Max Köelble, y el primer camión de exteriores fue bautizado con el nombre de “la voz de la esperanza”, vehículo con el cual se llevó a cabo la transmisión inaugural desde Plaza de Mayo. Para tal fin se ubicaron tres cámaras en el 2º piso del Banco de la Nación Argentina: una tomaba un primer plano del balcón de la Casa de Gobierno, la segunda hacía un plano de la Pirámide de Mayo y alrededores y la tercera una vista amplia de la plaza y sus accesos. Lleno de orgullo y ansiedad, don Jaime Yankelevich acompañado por César Guerrico, Köelble y Gerardo Noizeaux, controlaban los movimientos del equipo conformado por Oscar Orzábal Quintana en el switcher y los comentarios de Isabel Marconi y Adolfo “Fito” Salinas.

Luego, a menos de una semana del debut en el aire, Juan Carlos Thorry, Diana Maggi, Analía Gadé y un cuerpo de baile ofrecieron una versión del “Petit Café”, la exitosa comedia musical que se ofrecía en el cine-teatro Grand Splendid de Callao y Santa Fe. A los 15 días, el domingo 4 de noviembre y desde el hoy demolido Gasómetro, se transmitió el primer partido de fútbol. Fue el clásico que protagonizaron San Lorenzo de Almagro y River Plate que concluyó 1 a 1. En otra oportunidad Sofía Bozán cantó un expresivo repertorio. Pero para disponer de una programación estable “o algo que se le pareciera”, todos debían afianzarse en sus puestos y eso se logró en noviembre con horarios entrecortados, de 16 a 19 y de 21 a 23 hs, ofreciendo películas, espectáculos de danza, dibujos animados, boxeo, automovilismo y catch.

Tras el sangriento derrocamiento de Perón por la dictadura cívico-militar autodenominada Revolución Libertadora, en 1955 la emisora pasó definitivamente a manos del Estado Nacional y posteriormente fueron surgiendo otros canales. Claro que esa ya es otra historia.